lunes, 16 de mayo de 2016

La historia del disco de oro de la Voyager

Algún día, dentro de miles de millones de años, seres extraterrestres podrían sorprenderse al encontrar una vieja nave procedente de la Tierra. Situada probablemente lejos de su planeta de origen, la antigua sonda está helada como el espacio que la rodea, su fuente de energía nuclear hace mucho que se ha agotado, una antena blanca e icónica apunta silenciosa hacia el vacío, sin enviar dato alguno a la especie que la construyó. Pero aun así la sonda Voyager o viajero podría hablar a quienes la encuentren.
Hay un Disco de Oro adherido a un lado de la sonda y si un extraterrestre logra descifrar su contenido se sorprenderá de nuevo, porque Voyager tiene una historia, para contar para esto debemos regresar hasta el año 1977.

El presidente de Estados Unidos era Jimmy Carter, la película más taquillera era Star Wars, y la NASA estaba preparando el lanzamiento de las dos sondas Voyager, las cuales viajarían a los planetas exteriores del sistema solar. Así como las sondas Pioneer 10 y 11, que les precedieron, las sondas Voyager 1 y 2 volarían entre los gigantes gaseosos y, después de la recolección de datos, serían lanzadas como con una honda hacia afuera del sistema solar. Menos de 9 meses antes de su lanzamiento, el personal de la NASA pidió a Carl Sagan que preparara algún mensaje para una posible civilización extraterrestre.
"Las posibilidades de que una civilización extraterrestre encuentre a las sondas Voyager en el inmenso vacío del espacio son muy pequeñas pero nosotros tomamos el trabajo muy en serio", recuerda Ann Druyan, quien era miembro del equipo. 
Una tecnología popular en la década de 1970 eran las cintas de 8 pistas. Esas no funcionarían. En primer lugar, ¿qué pensarían de nosotros los extraterrestres? Más aún, las cintas magnéticas son susceptibles de degradarse por la radiación espacial y los campos magnéticos. 
El radioastrónomo Frank Drake, quien se convirtió en un miembro clave del equipo de Sagan, sugirió un disco fonográfico. Los extraterrestres tendrían buenas posibilidades de averiguar cómo reproducir ese tipo de tecnología de la vieja escuela y, además, los discos fonográficos son resistentes. Según uno de los cálculos, las marcas en un disco fonográfico de metal adecuadamente resguardado podrían durar cientos de millones de años en el espacio interestelar. Un disco de cobre cubierto de oro satisfaría los requisitos térmicos y magnéticos de las sondas Voyager.
Finalmente decidieron diseñar el disco para que sonara a 16 2/3 revoluciones por minuto. Lo que contenia este disco era:
 -La 5ta. sinfonía de Beethoven yJohnny B. Goode, de Chuck Berry.
-Se enviaron saludos en 55 idiomas incluso en los antiguos y un saludo en lenguaje de ballenas.
-118 fotografias.
-90 minutos de musica e incluso ladridos de perro y el despegue del saturno v.





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